Dieta cetogénica como parte del tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

Dieta cetogénica como parte del tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

La alimentación pueden ayudar a optimizar el estado de los pacientes con enfermedad de Parkinson.
La dieta cetogénica, va mucho más allá de la pérdida de peso. Esta dieta puede mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por Parkinson.
Además, es una dieta preventiva frente a la diabetes de tipo 2 (la más común).

Dieta cetogénica

¿Cuál es la base científica de estas afirmaciones?

Su base científica es la cetosis, una situación del metabolismo que tiene su origen en un déficit de carbohidratos.  Ante este déficit, nuestro organismo genera cuerpos cetónicos. Estos cuerpos se forman cuando se recurre a la combustión de las grasas en lugar de la glucosa para generar energía.

Para entenderlo mejor hay que saber que contamos con dos grandes fuentes de energía a través de los alimentos:

  • Carbohidratos: generan glucosa manteniendo así nuestras reservas de glucógeno.
  • Grasas: generan cuerpos cetónicos.

La glucosa, se metaboliza rápidamente, por tanto, el rendimiento energético es muy bajo de modo que nuestras reservas pronto desaparecen.
La segunda fuente de energía es más eficiente pues no se agota con tanta facilidad ya que para ello es necesario el ayuno o la cetosis a la que nos estamos refiriendo. Es decir, que la reducción del consumo de carbohidratos en favor del consumo de las reservas grasas es la clave de la dieta cetogénica. Una manera de “quemar grasa” que evita que utilicemos los glúcidos (provenientes de los carbohidratos) como fuente principal de energía.

Este mecanismo se ha demostrado beneficioso, entre otros, contra la epilepsia o la enferemedad de Parkinson.

Las grasas “buenas” en la dieta cetogénica

En la dieta cetogénica, se deben consumir carbohidratos de manera moderada y aumentar el consumo de las llamadas “grasas buenas” presentes en los aguacates, el aceite de oliva virgen, los pescados ricos en Omega como el salmón o las sardinas, los frutos secos como las nueces y los cacahuetes y las semillas de calabaza, sésamo o comino, entre otros alimentos.

Hasta ahora se consideraba que la fuente de energía que proporcionan las grasas no era adecuada para nuestro cerebro pero las nuevas corrientes científicas sostienen que los cuerpos cetónicos que surgen en el proceso de cetosis sí son adecuados para él.

Fuente

Journal of Movement Disorders; 2018 Aug;33(8):1306-1314. doi: 10.1002/mds.27390. Epub 2018 Aug 11.