Nuevos estudios incorporan la microbiótica al análisis del aumento de la obesidad

Saber cómo comenzó la pandemia de la obesidad puede conducir a establecer mejores estrategias de abordaje. En este sentido, los métodos de análisis para la clasificación de la evidencia epidemiológica sobre esta cuestión se encuentran ahora a nuestro alcance. Los economistas han utilizado estos métodos durante muchos años para observar el impacto de grandes experiencias, tales como cambios en la política. En este sentido, en los últimos cinco años más o menos, los epidemiólogos han dado cuenta que pueden ser aplicados a los resultados de salud.

Estos trucos estadísticos incluyen “diferencia en las diferencias y variables de efectos fijos” para controlar de heterogeneidad no observada (factores de confusión que no se midieron y por lo tanto no tienen en cuenta). No son estudios infalibles, pero pueden ser utilizados para la prueba y, a menudo, descartan asociaciones entre los cambios de salud a nivel de población y la exposición previa a las posibles causas.

La obesidad es especialmente adecuada para este tipo de análisis epidemiológico, porque hay una gran variación según el país en que se produjo el problema, y la rapidez con que se desarrollaba. En este sentido, las curvas epidémicas más reveladoras de la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso con el tiempo las publicó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, con actualizaciones anuales hasta 2012 (go.nature.com/2bb5ns). En ellos se describen datos de la encuesta sobre la prevalencia de la obesidad nacional en nueve países y se aprecia una tendencia llamativa.

Los Estados Unidos, Inglaterra, Australia, México y posiblemente Canadá muestran un rápido crecimiento en la prevalencia de obesidad a niveles líderes en el mundo. Suiza, Italia, España, Corea del Sur y (al menos inicialmente) Francia muestran un crecimiento más lento, a menudo con inicio más tardío, y los niveles actuales más bajos. Es como si los dos grupos de países presentaran una resistencia a las fuerzas que impulsan la pandemia. Estos son ampliamente identificados como una combinación de aumento de la ingesta de calorías y niveles de actividad física sin cambios o en descenso.

¿Qué tienen en común los países de cada grupo en relación con los cambios en el estilo de vida entre hace 35 y 15 años?

Las sociedades que experimentaron más tarde las ganancias de peso tienen un mayor apego cultural a la cocina tradicional que, ahora sabemos, es más saludable que la mayoría de los alimentos modernos.

Por otro lado, frente a las encuestas de alimentación, en las que la gente se olvida de lo que come habitualmente o dice lo que creen que deben decir, los estudios estadísticos de consumo de los alimentos en el país (que incluyen datos sobre ingesta de bebidas azucaradas, comidas rápidas y de alta densidad calórica etc) son mucho más fiables.

Asimismo, si bien los estudios más fidedignos sobre la actividad física a nivel nacional son más difíciles de conseguir, sin embargo, datos como las horas totales de presencia sedentaria ante el televisor son más fáciles de conocer a través de esas encuestas habituales en los medios.

Este enfoque cuasi-experimental también podría poner a prueba la hipótesis más inusual en los orígenes de la pandemia. En 2013, el investigador en enfermedades infecciosas Lee Riley y sus colegas de la Universidad de California sugirieron que una exposición acumulada creciente a los antibióticos podría ser responsable (debido a la presencia de estos potentes productos químicos en la carne y productos lácteos en nuestra cadena alimentaria, y por la prescripción excesiva en la atención médica). Para probar esta hipótesis, se podría examinar la serie temporal de las ventas de los antibióticos, tanto humana como veterinaria, aunque podría tomar décadas de exposición a antibióticos, tal vez desde la infancia o incluso al nacer, a alterar profundamente la microbiota intestinal y presagiar el aumento de peso.

En este sentido, una fuente de datos mucho mejor sería tomar muestras de heces congeladas obtenidas durante las encuestas nacionales, recogidas a lo largo del período en cuestión. Estas muestras podrían ser analizadas para estudiar los efectos (ahora bien descritos) de exposición prolongada con antibióticos en la microbiota del intestino, cuyo ácido nucleico y las huellas digitales de proteínas todavía debe ser detectable.

Así que ahí está: todo un programa de trabajo nuevo y potencialmente muy importante.

ReferenciaNature 532, 149 (14 April 2016) doi:10.1038/532149a