Papel de los nutracéuticos en la salud metabólica

Nutracéuticos: ¿qué son?

Los nutracéuticos son compuestos bioactivos presentes en los alimentos que poseen propiedades terapéuticas y confieren beneficios para la salud. El término «nutracéutico» proviene de la combinación de las palabras «nutriente» (componente nutritivo de un alimento) y «farmacéutico» (fármaco), lo que denota las potenciales propiedades terapéuticas de estos compuestos.

Algunos ejemplos comunes de nutracéuticos incluyen el resveratrol, que se encuentra en su gran mayoría en  las uvas, conocido por sus efectos antioxidantes y antienvejecimiento; la curcumina, presente en la cúrcuma, reconocida por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes; y los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), que se encuentran en pescados grasos como el salmón y el atún, conocidos por sus beneficios cardiovasculares y antiinflamatorios.

Un estudio publicado recientemente en la revista Nutrients investiga el rol de estos compuestos en la modulación del estrés oxidativo y la inflamación, dos condiciones características de “enfermedades metabólicas” o “enfermedades crónicas no transmisibles” como la obesidad, el síndrome metabólico, la hipertensión, la diabetes tipo 2, la dislipidemia o la hipertrigliceridemia.

Nutracéuticos y trastornos metabólicos

Los trastornos metabólicos mencionados se caracterizan por la presencia de una interacción compleja entre inflamación crónica de bajo grado y estrés oxidativo, como denominador común. Éste último se caracteriza por un desequilibro entre las especies reactivas de oxígeno (ROS) y los antioxidantes endógenos, desencadenando una serie de eventos que contribuyen al daño celular y a la progresión de estas condiciones patológicas. Por otro lado, la inflamación sistémica crónica de bajo grado, también conocida como «metainflamación» o inflamación metabólica, se caracteriza por una elevación en los niveles de proteínas de fase aguda y citocinas con actividad inflamatoria, como la proteína C reactiva (PCR), factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la interleucina 6 (IL-6), entre otros marcadores.

En este complejo escenario, los nutracéuticos emergen como potenciales aliados terapéuticos dada su capacidad para contrarrestar el estrés oxidativo, modular la inflamación y mejorar la respuesta antioxidante endógena.

Polifenoles

Dentro de los nutracéuticos, los polifenoles tienen una importancia destacada dadas sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estos compuestos de origen vegetal actúan neutralizando los radicales libres dañinos que pueden causar estrés oxidativo en el cuerpo, implicado en el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades metabólicas. Estos compuestos se encuentran en una gran variedad de alimentos vegetales, como las frutas y verduras, el té o el cacao, entre otros.

En concreto, el resveratrol, un polifenol anteriormente citado, ha sido ampliamente estudiado por su potente capacidad antioxidante y antiinflamatoria, ya que disminuye la producción de ROS y reduce la producción citoquinas proinflamatorias.

Curcumina

Otro compuesto destacado es la curcumina, un polifenol presente en la cúrcuma, una especia de color anaranjado ampliamente utilizada en la cocina asiática y la medicina tradicional. La curcumina exhibe una amplia gama de propiedades terapéuticas, que incluyen actividad antioxidante, antiinflamatoria, anticancerígena y neuroprotectora. Su capacidad para neutralizar las especies reactivas de oxígeno (ROS) y modular las vías inflamatorias la convierte en un nutracéutico valioso en el manejo de enfermedades metabólicas y condiciones relacionadas.

Otros compuestos

A pesar de que los polifenoles como el resveratrol o la curcumina son de los compuestos más estudiados, existe una amplia variedad de nutracéuticos y compuestos bioactivos con demostrados beneficios para la salud, como los probióticos, las vitaminas D, C y E, el selenio, el licopeno, la coenzima Q10 o los ácidos grasos omega-3.

Los ácidos grasos omega-3, especialmente el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico), se destacan como nutracéuticos prometedores en la prevención y el tratamiento de diversas enfermedades crónicas, especialmente las enfermedades cardiovasculares. Numerosos estudios respaldan el papel de los omega-3 en la reducción de la inflamación. Por ejemplo, se ha encontrado que los omega-3 inhiben la activación del NF-κB, una proteína implicada en la regulación de la respuesta inflamatoria, lo que lleva a una disminución de la inflamación. Además, la combinación de omega-3 con vitamina D3 ha demostrado reducir la inflamación sistémica, lo que sugiere sinergias beneficiosas entre estos nutrientes.

Aunque los nutracéuticos no buscan reemplazar a los fármacos tradicionales, juegan un papel complementario como vía de actuación preventiva, especialmente en el manejo de afecciones comúnmente asociadas con el síndrome metabólico, como la diabetes tipo 2, la hipertensión o enfermedades cardíacas. Estas características multifacéticas de los nutracéuticos resaltan su importancia en la promoción del bienestar general y la salud.

Bibliografía

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Nutrigenética: interacción dieta-genes

La interacción entre nuestra genética y nuestra dieta es un campo fascinante de estudio que ha estado ganando atención en los últimos años. La nutrigenética, como se conoce esta disciplina, busca comprender cómo nuestras variaciones genéticas individuales pueden influir en nuestra respuesta a los nutrientes que consumimos, y cómo esta interacción puede afectar aspectos clave de nuestra salud, como la tolerancia a los carbohidratos, la obesidad y el rendimiento físico.

La base de la nutrigenética: genes y dieta

Cada uno de nosotros tiene una composición genética única que influye en una amplia gama de aspectos de nuestra salud, incluida la forma en que metabolizamos los nutrientes. Por ejemplo, algunos de nosotros podemos tener una variante genética que nos hace metabolizar los carbohidratos de manera más eficiente, mientras que otros pueden ser más propensos a almacenarlos como grasa.

Estudios en el campo de la nutrigenética han identificado varios genes que pueden influir en la manera en que nuestro cuerpo procesa y utiliza los nutrientes, incluidos los relacionados con el metabolismo de los lípidos, la regulación del apetito, la sensibilidad a la insulina y la respuesta inflamatoria. En este post desarrollaremos algunos de los más importantes. 

Genes y tolerancia a los carbohidratos

Cuando se trata de metabolizar los carbohidratos, nuestro ADN puede jugar un papel importante. Por ejemplo, variaciones en genes como el gen GLUT2 (transportador de glucosa 2) y el gen GCK (glucokinasa) pueden afectar la forma en que nuestro cuerpo procesa y utiliza la glucosa. Esto puede influir en nuestra capacidad para mantener niveles saludables de azúcar en sangre después de consumir carbohidratos, lo que a su vez puede afectar nuestra tolerancia a los carbohidratos y nuestro riesgo de desarrollar condiciones como la resistencia a la insulina o la diabetes tipo 2.

Genes y obesidad

La obesidad es una condición multifactorial en la que la genética desempeña un papel significativo. Variaciones en genes relacionados con el control del apetito, como el gen MC4R (receptor melanocortina 4) y el gen FTO (obesidad asociada a la grasa), pueden influir en nuestra tendencia a sentir hambre y a comer en exceso. Del mismo modo, genes relacionados con el metabolismo de las grasas y con la inflamación, como el gen PPARgamma (receptor gamma activado por proliferadores de peroxisomas) y el gen ADIPOQ (adiponectina), pueden afectar la forma en que nuestro cuerpo almacena y utiliza la energía, lo que puede contribuir a la obesidad.

Genes y rendimiento físico

El rendimiento físico también puede estar influenciado por nuestra genética. Por ejemplo, variaciones en genes como el gen ACTN3 (alfa-actinina-3) y el gen PPARalfa (receptor alfa activado por proliferadores de peroxisomas) pueden influir en nuestra capacidad para utilizar y almacenar energía durante el ejercicio físico. Además, genes relacionados con la respuesta al ejercicio, como el gen ACE (enzima convertidora de la angiotensina), pueden influir en nuestra capacidad para adaptarnos y responder al entrenamiento físico.

Complejidad de la genética en el campo de la nutrición

La aplicación de la nutrigenética en la nutrición personalizada ofrece un enfoque innovador y prometedor para optimizar la salud y el bienestar de las personas. Al comprender cómo nuestras variaciones genéticas individuales influyen en nuestra respuesta a la dieta y los nutrientes, los profesionales de la salud pueden ofrecer recomendaciones nutricionales más precisas y personalizadas, adaptadas a las necesidades específicas de cada persona.

Sin embargo, la interacción entre nuestros genes y la dieta es extremadamente compleja y aún no completamente comprendida. Los resultados de los test de nutrigenética pueden proporcionar información útil, pero no ofrecen una imagen completa de cómo nuestra genética interactúa con otros factores, como el medio ambiente y el estilo de vida.

Es importante destacar que, si bien nuestra genética puede predisponernos a ciertas condiciones como la obesidad o la diabetes tipo 2, también podemos tomar medidas para optimizar nuestra salud a través de una dieta y un estilo de vida adecuados, mitigando así el efecto de los genes mencionados y responsabilizándonos de nuestro propio bienestar.

Bibliografía

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Cómo la alimentación puede ayudar a controlar el síndrome de ovario poliquístico (SOP)

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es un trastorno endocrino (hormonal) que afecta a una notable cantidad de mujeres en edad reproductiva, en torno a 1 de cada 10. Sus síntomas pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida. Además, el SOP puede influir en el aumento del riesgo de condiciones como diabetes tipo 2 o infertilidad. Si bien no tiene una cura definitiva, estrategias como una alimentación adecuada y una reducción del peso corporal pueden ayudar a controlar los síntomas y mejorar el bienestar general.

¿Qué es el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP)?

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es una afección endocrina compleja que afecta aproximadamente a 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva, caracterizada por un desequilibrio hormonal que conlleva una amplia gama de signos y síntomas. Una de las características principales del SOP es la presencia de múltiples “quistes” en los ovarios, aunque no todas las personas con SOP los presentan, ya que el SOP se puede diagnosticar si se presenta oligoovulación o anovulación e hiperandrogenismo, sin necesidad de tener ovarios poliquísticos. Además, el SOP está asociado con la producción excesiva de andrógenos (hormonas masculinas) por los ovarios, lo que puede provocar cambios en la menstruación, acné, exceso de vello facial y corporal (hirsutismo) o infertilidad.

El SOP va más allá de los problemas ginecológicos, ya que puede influir en la salud metabólica. Las mujeres con SOP tienen una mayor probabilidad de padecer resistencia a la insulina, lo que significa que sus cuerpos no responden adecuadamente a la insulina, la hormona que regula el azúcar o glucosa en la sangre. Esta resistencia a la insulina puede llevar al desarrollo de diabetes tipo 2, aumento del riesgo cardiovascular, dificultades para perder peso y obesidad.

Relación entre el SOP y la alimentación

La relación entre el síndrome de ovario poliquístico y la alimentación y estilo de vida es crucial. Los estudios científicos han revelado que la dieta juega un papel significativo en el manejo de los síntomas del SOP y puede tener un impacto directo en los desequilibrios hormonales y la resistencia a la insulina asociados con esta afección.

Ciertos tipos de alimentos, como los alimentos ricos en azúcares simples y carbohidratos refinados pueden desencadenar fluctuaciones en los niveles de glucosa en sangre, lo que a su vez puede alterar los niveles de insulina y aumentar la producción de andrógenos (hormonas masculinas). Estos desequilibrios hormonales pueden exacerbar los síntomas característicos del SOP.

La resistencia a la insulina puede empeorar con una dieta poco saludable, rica en alimentos con alto contenido de azúcares refinados y carbohidratos simples. Esto puede llevar a un aumento de peso, dificultad para perder grasa abdominal y un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. De hecho, entre el 40 y l 60% de las mujeres con SOP tienen sobrepeso u obesidad.

Optar por una dieta equilibrada y nutritiva es esencial para controlar los síntomas del SOP. Una dieta que incluya alimentos ricos en nutrientes como frutas, verduras, lácteos bajos en grasa, proteínas magras, grasas saludables y carbohidratos complejos puede ayudar a estabilizar los niveles de azúcar en sangre, reducir la inflamación y mejorar la sensibilidad a la insulina.

Manejo del SOP a través de modificaciones en el estilo de vida

En este contexto, las modificaciones en el estilo de vida son la primera línea de actuación y se centran en la dieta, el ejercicio, el manejo del estrés y otros hábitos que pueden influir positivamente en la resistencia a la insulina y en la regulación hormonal.  Algunas de las modificaciones en el estilo de vida basadas en la evidencia científica, incluyen:

  • Dieta equilibrada hipocalórica con un bajo índice glucémico: los alimentos con un bajo índice glucémico ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre y por lo tanto la resistencia a la insulina. Evitar alimentos ultraprocesados y refinados y priorizar alimentos ricos en fibra como frutas y verduras, cereales integrales, además de lácteos, proteínas magras y grasas saludables (aceite de oliva virgen), siguiendo un patrón de dieta mediterránea, es una estrategia efectiva para controlar los síntomas del SOP.
  • Ejercicio regular: realizar ejercicio físico regularmente aumenta la sensibilidad a la insulina, preserva o aumenta la masa muscular y promueve la pérdida de peso al favorecer el déficit calórico, aunque la pérdida de peso debe de ser más bien una consecuencia y no un objetivo central como tal al hacer modificaciones en el estilo de vida, ya que se han reportado beneficios independientemente de si existe pérdida de peso o no. Además, el ejercicio ayuda a mejorar marcadores de inflamación y reduce los niveles de estrés y síntomas psicológicos como la ansiedad y la depresión, muy comunes en mujeres con SOP.
  • Descanso adecuado: un descanso adecuado es fundamental para mantener unos niveles de insulina, grelina, glucagón y otros niveles de hormonas que intervienen y regulan las señales de hambre y saciedad estables, frecuentemente alteradas en mujeres con SOP.
  • Suplementación: varios estudios revelan el papel beneficioso de los suplementos con inositol en el control de los síntomas asociados al SOP. El inositol es un nutriente presente en ciertos alimentos y en el cuerpo humano. El mioinositol (un isómero del inositol) solo o acompañado con D-quiroinositol en una proporción 40:1, demuestra ser eficaz en el tratamiento del SOP, mejorando la resistencia a la insulina y el control glucémico. La suplementación con vitamina D también ayuda a mejorar la resistencia a la insulina, así como el zinc, el omega-3 y la cúrcuma, que tienen un potencial antiinflamatorio. Sin embargo, estos suplementos han ser pautados de forma individualizada por parte de un profesional de la salud.

Para manejar el SOP, al ser una condición con carácter crónico, es fundamental adoptar un enfoque proactivo y sostenible, tomando el control de la propia salud y fomentando cambios positivos que impacten no solo en la gestión de esta afección, sino también en la calidad de vida a largo plazo.

Bibliografía

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Nutrientes clave para ayudar al buen funcionamiento de tu sistema inmune.

La llegada del invierno trae consigo no solo temperaturas más frías, sino también un aumento en los casos de resfriados y gripes. Estas enfermedades virales son comunes y pueden afectar nuestra calidad de vida, pero ¿sabías que una dieta adecuada puede desempeñar un papel clave en la prevención de estas dolencias? En este post exploraremos cómo ciertos alimentos pueden ayudarnos a fortalecer nuestro sistema inmunológico y de esta manera reducir el riesgo de padecer estas afecciones.

El papel del sistema inmunológico en la prevención de enfermedades

Nuestro sistema inmunológico es una red compleja de células, tejidos y órganos que trabajan juntos para proteger nuestro cuerpo contra invasores dañinos como virus, bacterias y otros patógenos. Su función principal es identificar y eliminar estos agentes infecciosos, manteniéndonos sanos y protegiéndonos de enfermedades, como por ejemplo el catarro o la gripe, dos comunes enfermedades infecciosas víricas.

Cuando un virus como el de la gripe o el del resfriado común intenta invadir nuestro organismo, el sistema inmunológico se activa. La primera línea de defensa son las barreras físicas, como la piel y las membranas mucosas (boca y nariz), que actúan como escudos protectores. Sin embargo, si el virus logra pasar estas barreras, el sistema inmunitario responde de manera más específica, entrando en acción células especializadas de defensa como los leucocitos o los macrófagos.

El sistema inmunológico es la principal línea de defensa contra esos agentes extraños que intentan invadir nuestro cuerpo. Cuando este sistema está fuerte y equilibrado, somos menos propensos a enfermarnos. Por ello, es crucial fortalecerlo a través de una alimentación saludable.

Nutrientes

Los alimentos que fortalecen el sistema inmunológico contienen nutrientes específicos que desempeñan roles fundamentales en la función inmunológica. Algunos de los nutrientes que han demostrado ser más eficaces son:

  • Vitamina C: La vitamina C ayuda a proteger las células del cuerpo del daño oxidativo causado por los radicales libres. Además, estimula la producción y función de linfocitos y las células NK (natural killers) de la inmunidad innata. Por otro lado, participa en la síntesis de colágeno, por lo que favorece la cicatrización de las heridas y el mantenimiento de la piel y mucosas en buen estado. Los alimentos ricos en vitamina C son los cítricos, el kiwi, las fresas, el perejil o el pimiento rojo, entre otros.
  • Vitamina D: La vitamina D regula la función inmunológica modulando la expresión de genes involucrados en la respuesta inmunitaria. Además, tiene efectos antiinflamatorios. Los alimentos ricos en vitamina D son los pescados grasos, la yema de huevo y los lácteos enteros o fortificados, pero la principal fuente de esta vitamina sería la síntesis por la acción del sol en la piel.
  • Zinc: El zinc es un mineral que participa en la comunicación celular y en la producción de células inmunitarias activando enzimas involucradas en la respuesta inmunológica. Además, es un potente antioxidante y algunos estudios señalan que podría disminuir la duración y los síntomas del resfriado común o de la gripe, al igual que la vitamina C. Los alimentos ricos en zinc son las ostras, las pipas de calabaza, el marisco, el huevo, las legumbres, la carne y los lácteos.
  • Antioxidantes: Los antioxidantes protegen contra el estrés oxidativo y el daño celular, neutralizando los radicales libres que pueden dañar las células inmunitarias comprometiendo su función y ayudan a regular la respuesta inflamatoria excesiva. Las verduras y las frutas en general son ricas en antioxidantes, además de otros alimentos como los frutos secos o té verde.

Estos nutrientes presentes en los alimentos interactúan de manera compleja y cooperativa en el organismo. Trabajan en conjunto para fortalecer el sistema inmunológico, promoviendo la respuesta adecuada del cuerpo ante la presencia de patógenos, reduciendo la inflamación y mejorando la capacidad de defensa.

Estrategias dietéticas

Existen muchas formas de incorporar los alimentos citados anteriormente en nuestra dieta diaria. Una buena idea sería comenzar el día con un desayuno cargado de nutrientes. Una opción podría ser un bowl de yogur natural con frutos rojos (ricos en antioxidantes) y un pipas de calabaza (alto contenido en zinc). También podrías optar por un batido verde con espinacas, kiwi, y un toque de jengibre para la vitamina C.

En el caso de comidas y cenas, incorpora verduras ricas en vitamina C, como pimientos, brócoli o coles de Bruselas, en ensaladas, salteados o como acompañamiento. Además, añade fuentes de proteínas como el salmón (rico en vitamina D y ácidos grasos omega 3) o legumbres (por su contenido en zinc). Entre comidas, opta por opciones nutritivas como frutas cítricas (naranjas, mandarinas) o un puñado de nueces o almendras, que también son excelentes snacks cargados de antioxidantes.

Es esencial no depender únicamente de la alimentación para fortalecer el sistema inmunológico. Un estilo de vida equilibrado que incluya una alimentación nutritiva, descanso adecuado, actividad física regular y manejo del estrés trabajando en conjunto, contribuirá significativamente a ayudar a mantener tu sistema inmunológico en condiciones normales.

Bibliografía

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Consejos para unas Navidades saludables

Las Navidades son un período de reunión, visitas a familiares y amigos, vacaciones y disfrute, pero también de excesos. Los excesos, en su justa medida, no tienen por qué repercutir en la salud, si bien es cierto que al repetirse en un período de tiempo prolongado pueden tener efectos negativos, como es el caso de las fiestas navideñas.

Por qué engordamos en Navidad

Algunos estudios señalan que, durante el período festivo, se pueden llegar a consumir en un período de 24h hasta 6000 kilocalorías, que es tres veces la ingesta calórica diaria recomendada. Este exceso de calorías contribuye al aumento de peso durante las vacaciones, junto con otros factores como el cese de la actividad física que se venía realizando y el aumento del sedentarismo.

Por otro lado, una cuestión preocupante fue que alrededor de la mitad del peso ganado durante las vacaciones se mantuvo al finalizar las mismas, lo que indica que los excesos durante las vacaciones pueden afectar el peso de las personas a largo plazo.

Desde una perspectiva psicológica, el consumo excesivo de alimentos también se ve influenciado por procesos que tienen lugar de manera inconsciente. Comer es una experiencia sensorial y, como tal, no son solo los factores intrínsecos (olor, sabor) del alimento los que están involucrados en el disfrute de una comida, sino también los extrínsecos como la cercanía y disposición de los platos, la música o la luz, entre otros.

Se ha observado, por ejemplo, que las personas tienden a mimetizar el comportamiento alimentario de las otras personas con las que comen. De este modo, si estás sentado junto a una persona que come más rápido o mayor cantidad que tú, la tendencia será que tú acabes haciendo inconscientemente lo mismo. Por esto, entre otras razones, mucha gente tiende a consumir más en Navidades de lo que suele consumir normalmente.

10 consejos para afrontar las comidas navideñas

Las reuniones en este período festivo son bien conocidas por ser abundantes y copiosas, con alimentos que no suelen estar presentes en el día a día como pueden ser los embutidos, los patés, las carnes más grasas, el alcohol y los dulces y postres típicos de la época.

Sin embargo, con estos sencillos consejos, será más fácil afrontarlas de una manera más saludable y respetuosa con nuestro cuerpo, para así poder volver a la rutina después de las Navidades sin demasiados esfuerzos ni remordimientos.

  1. Planifica tu menú con antelación y prioriza vegetales, hazlos los protagonistas de tus platos.
  2. Reserva los postres y los dulces para ocasiones muy puntuales, evitando tenerlos a la vista los días entre festivo y festivo. En su defecto, anímate a probar su versión saludable, sustituyendo azúcares y harinas refinadas.
  3. Del mismo modo, evita consumir bebidas alcohólicas fuera de fechas señaladas y cuando lo hagas, hazlo con moderación. Una recomendación sería intercalar un vaso de agua por cada copa de bebida alcohólica, tanto para evitar el malestar del día siguiente, como para reducir la ingesta de calorías vacías presentes en el alcohol.
  4. Prioriza alimentos naturales, sin procesar, o poco procesados, como las verduras, mariscos, pescados, carnes y frutas típicos de la época e inclúyelos en tus menús.
  5. Ten en cuenta el orden de consumo de los alimentos para evitar grandes picos de glucosa. Lo ideal sería empezar con una ensalada o verduras, continuar con la proteína y finalizar con los carbohidratos para un mejor control glucémico. Además, para tener digestiones más ligeras, si tomas proteína animal, consúmela con verduras en vez de con alimentos ricos en almidón (pasta, arroz, patatas…). Otro consejo para evitar grandes picos de glucosa sería tomar un vaso de agua con una cucharada de vinagre de manzana diluido 15 minutos antes de las comidas, y además te ayudará a fomentar la secreción de jugos digestivos.
  6. Para tener digestiones menos pesadas, no bebas agua mientras comes. El agua diluye el pH estomacal, por lo que podría prolongarse el tiempo de digestión. Bebe suficiente agua entre las comidas. Además, te ayudará a sentirte más saciado.
  7. No abuses del pan. Probablemente ya estés consumiendo suficientes carbohidratos en los propios platos del menú, especialmente si estás comiendo más cantidad de lo normal, por lo que el pan muchas veces se torna innecesario desde el punto de vista del equilibrio nutricional. Además, las digestiones serán más pesadas.
  8. Después de las comidas, bebe infusiones digestivas. Las infusiones de menta-poleo, manzanilla, jengibre o anís, serán grandes aliadas para dar ese impulso a tu sistema digestivo tan necesario después de las copiosas comidas.
  9. Reduce la frecuencia de las comidas. El exceso calórico de las comidas navideñas sumado a su frecuencia, hacen que la microbiota intestinal se resienta y sea más probable sentir hinchazón y malestar estomacal. Espaciar las comidas y dejar tiempo de reposo o ayuno entre comida y comida darán un respiro muy necesario al sistema digestivo.
  10. No olvides el ejercicio físico. Aprovecha el aumento del tiempo libre en vacaciones para continuar o iniciar la práctica deportiva. Quemarás más calorías y tus digestiones serán mejores, además de tu estado emocional. Mantener una rutina de ejercicio físico, también en navidades, es esencial desde el punto de vista de la salud.

Bibliografía

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Componentes bioactivos de la leche: qué son y cuáles son sus funciones

La leche y sus derivados son alimentos completos que proporcionan un elevado contenido de nutrientes. Tiene una composición muy equilibrada al aportar proteínas de alto valor biológico, grasa, hidratos de carbono (lactosa), vitaminas liposolubles y minerales de gran biodisponibilidad, por ello, su consumo se considera un hábito clave para obtener una alimentación completa en todas las etapas de la vida. 

El consumo de la leche y sus derivados no se limitan solo a los valores nutricionales de sus nutrientes, sino que también son conocidos por sus componentes bioactivos y las interesantes funciones que estos desempeñan en el mantenimiento de una buena salud.  

Componentes bioactivos en la leche

Estos componentes, principalmente se encuentran como fragmentos en la estructura de algunos nutrientes, como son las proteínas y los lípidos, pero también pueden ser producidos por medio de fermentación de la leche. Estos elementos ejercer una actividad fisiológica beneficiosa para nuestra salud.  

Los componentes bioactivos más reconocidos de los lácteos y sus derivados son principalmente proteínas, péptidos y ácidos grasos entre los más destacados: α-lactoalbúmina (α-LA), β-lactoglobulina (β-LG), caseínas (CN), inmunoglobulinas (Ig), lactoferrina, acido linoleico conjugado (CLA) y ácido butírico. 

Funciones de los péptidos bioactivos

Investigaciones reportan que las proteínas intactas de la leche presentan gran variedad de actividades biológicas, por ejemplo, la α-lactoalbúmina (α-LA), β-lactoglobulina (β-LG) ha revelado de ser proteínas de unión con metales y específicamente para el calcio, mejorando su absorción, y también tienen un efecto protector contra la lesión de la mucosa gástrica.  

Los péptidos bioactivos obtenidos de las proteínas de los lácteos presentan funciones antimicrobianas, inmunomoduladoras, antitrombóticas y de transporte de minerales. También se ha encontrado que son capaces de disminuir la presión sanguínea de sujetos hipertensos.

Las inmunoglobulinas tienen un efecto inmunoprotector, la lactoferrina despliega actividad antibacteriana mientras que los péptidos derivados de la caseína presentan una actividad immunomoduladora y opioide

Adicionalmente, el ácido linoleico conjugado (CLA) es un componente bioactivo de la grasa láctea de mayor interés ya que su presencia está asociada con una actividad protectora para la salud cardiovascular, además, contribuye en la reducción de la deposición de la grasa corporal y estimula la función inmune.  

El ácido butírico es un ácido graso de cadena corta implicado en el equilibrio de la función barrera y en la motilidad intestinal, ejerce efectos nutricionales, inmunomoduladores y antiinflamatorios sobre el epitelio intestinal. 

Bibliografía

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